miércoles, 17 de mayo de 2017

Una escapadita para sentirme como un emir



Lo reconozco, soy un envidioso, y mientras leía todas las excelencias y los lujos que los árabes de la península encontraban en sus almunias, yo también quise por un momento sentir todos los placeres que debieron sentir ellos, y me puse manos a la obra para poder hacer mi sueño realidad.

Buscando, buscando por la red, encontré que había un sitio cerca de Granada que tenía muy buenas valoraciones: buen ambiente, buena comida, precio asequible y un entorno envidiable, con vistas a la sierra en primer plano. Tenía toda la pinta de una antigua almunia, un típico cortijo andaluz con todas sus comodidades y todo su encanto, así que por de pronto ya tenía el sitio; y ahora sólo me faltaba encontrar la compañía.

Como para cumplir con la tradición la compañía ya tenía que traerla de casa, yo tenía un pequeño un problema, y es que en ese momento no tenía novia. Me encontraba soltero y sin compromiso, a la caza de cayera lo que cayera, así que pensé que, ya que podía elegir y tener a mi disposición a la elegida, me iba a buscar una churri con tetas gordas. ¿Suena feo? Sí, pero qué queréis que os diga, son mi delirio, me encantas las mujeres tetonas, y si iba a experimentar algo así como los placeres del paraíso árabe en la tierra, pues quería que fuera totalmente a mi disposición.

Y fue entonces cuando se me ocurrió la idea de tirar la casa por la ventana, y darme el lujazo de contratar los servicios de una escort. Me iba a salir un poco más caro de lo que pretendía, pero para una vez en la vida, no iba a andar mirándose en unas pelas. Así, en la agencia me dieron un buen número de candidatas, y yo elegí a Candy (más nombre de putón imposible, jeje): rubia, alta, maciza como ella sola, y con dos tetas que estaba seguro que iban a complacer todas mis expectativas.

Con el equipaje, mi perfecta acompañante y mi utilitario que ya no estaba muy nuevo pero que por de pronto serviría, me encaminé hacia  La Almunia del Valle. Casi podía decir que estaba nervioso por llegar, y eso que todavía no tenía ni idea de lo que iba a encontrarme. Fue un viaje sin incidentes, y un viernes por la tarde aparqué mi coche en su parking privado, y nos acercamos hasta recepción para que nos acompañaran a la habitación. Y si queréis conocer más, no dejéis de visitarme pronto.

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